Tucumán y los recuerdos que llegaron desde lejos
El 12 de septiembre, el recorrido del Fampress Histórico en Argentina llegó a Tucumán. Desde entonces he seguido las fotografías, historias
y experiencias que quedaron de aquella jornada.
Miro los lugares que recorrieron, leo lo que cuentan y, por
momentos, tengo la sensación de haber estado allí.
Pero mientras vuelvo sobre esas imágenes, descubro que el
recorrido hizo algo más que acercarme a un lugar que todavía no he visitado.
Cada una parece abrir una puerta hacia algún recuerdo guardado en mi propia
memoria.
Quizá por eso Tucumán me está resultando diferente.
La historia de por qué Tucumán ocupa un lugar particular en
mi memoria está en la primera parte de esta crónica: Marco, Tucumán y los primeros viajes por Argentina a través del televisor.
Ahora, sin embargo, el recuerdo vuelve de otra manera.
Ya no llega desde aquel televisor en blanco y negro de mi
niñez, sino desde las imágenes y experiencias que quedaron de este recorrido.
Y cada una parece traer consigo algo distinto.
Una casa que me llevó a Huaura
Entre las imágenes que más llamaron mi atención estuvieron
las de la Casa Histórica de la Independencia.
La casa que albergó las sesiones del Congreso de 1816
conserva el Salón de la Jura, donde el 9 de julio de ese año se aprobó la
Declaración de la Independencia.
Pero al mirar esas fotografías, mi memoria viajó a otro
lugar.
Pensé en Huaura.
En julio de 2019, durante el X Congreso de la Organización
Mundial de Periodismo Turístico, compartí con varios compañeros una visita al
histórico Balcón de Huaura, escenario de la primera proclama de independencia
de José de San Martín en el Perú, el 27 de noviembre de 1820.
De aquel grupo, hoy vuelvo a encontrar en Argentina a Miguel Ledhesma, presidente fundador de la OMPT; Kevin Casanova, director de la OMPT Colombia; Aldo Romero periodista hondureño; y al equipo de Viva Misiones, de Argentina. Pero aquella experiencia reunió a muchos más compañeros de distintos lugares.
Han pasado años desde aquel momento.
Y ahora, mientras algunos de quienes estuvieron allí
recorren una casa vinculada a la independencia argentina, vuelvo a encontrarlos
en las imágenes y recuerdo aquel balcón frente a la plaza de armas.
Dos lugares diferentes. Dos momentos históricos distintos.
Y, sin embargo, al mirar esas imágenes, la conexión aparece
en mí de manera natural: ambos espacios forman parte de recuerdos que ahora
vuelven a encontrarse.
Esta vez yo no estaba allí físicamente.
Estaba llegando a Tucumán a través de esas imágenes.
La lluvia también puede quedarse en la memoria
Las fotografías de aquel recorrido mostraban también otra
presencia: la lluvia.
Calles mojadas, cielos grises y recorridos que continuaron a
pesar del tiempo.
Al ver esas imágenes, recordé algunos viajes familiares en
los que la lluvia también terminó siendo parte de la experiencia. No era algo
que necesariamente hubiera que esperar que pasara para continuar disfrutando
del lugar; muchas veces, simplemente estaba allí, la disfrutábamos y hasta
terminábamos mojándonos sin que eso importara demasiado.
Quizá por eso, al ver Tucumán bajo la lluvia, no pensé
solamente en el clima de aquel día.
Pensé en aquellos viajes.
Que, con el paso de los años, uno termina recordando no solo los lugares que visitó, sino también esas circunstancias que los acompañaron.
Y esta vez, una lluvia que caía a cientos de kilómetros de
distancia terminó llevándome nuevamente a ellos.
Una canción que llegó desde Lima
Después apareció otra de esas coincidencias que solo parecen
pequeñas hasta que uno descubre de dónde vienen.
Entre las visitas estuvo el Museo Mercedes Sosa – Casa
Natal.
Y entonces recordé una canción.
Hace muchos años, alrededor de 2005, estaba en un restaurante criollo en Perú cuando escuché "Acércate Cholito".
La
canción me llamó la atención porque hablaba de Perú y de Lima. Recuerdo
especialmente la referencia al puente y la alameda, que en aquel momento asocié
con el Puente de los Suspiros de Barranco.
No conocía entonces a la intérprete.
Días después busqué la canción en internet y descubrí a
Mercedes Sosa.
Lo que no sabía en aquel momento era que aquella voz que había llegado hasta mí en un restaurante peruano estaba vinculada a Tucumán.
Años después, una fotografía del Museo Mercedes Sosa hizo que aquella memoria adquiriera otra dimensión.
Una canción había llegado hasta mí desde Argentina sin que
yo supiera todavía cuánto podía acercarme a un lugar que aún no conocía.
Y ahora, al ver el sitio donde nació Mercedes Sosa, la
relación se hizo visible.
Tucumán volvía a aparecer en mi memoria por un camino
inesperado.
El recuerdo de una humita
Pero quizá el recuerdo más cercano llegó con algo mucho más
sencillo: una humita.
En uno de los relatos sobre Tucumán apareció El Cardón y,
entre sus referencias gastronómicas, las humitas.
Fue suficiente para que dejara de pensar por un momento en Argentina y regresara a mi casa, a mi infancia y a mi abuelita.
Ella preparaba humitas dulces.
Recuerdo que nosotros —mis hermanos, mis primos y yo—
también participábamos en la preparación. Desgranábamos el maíz y ayudábamos a
molerlo en el molinillo. Después venía el trabajo de mi abuelita: preparar la
mezcla, envolverla en las pancas y supervisar que todo estuviera listo.
También estaba el fuego.
A ella le gustaba cocinar con leña, como lo había hecho en
su pueblo, y nosotros ayudábamos a mantenerlo con el calor adecuado.
Lo que más permanece en mi memoria es el aroma.
Ese olor que comenzaba a llenar el ambiente mientras las humitas se cocinaban sobre el fuego de leña.
A veces esperábamos hasta la medianoche para comerlas.
Hoy todavía puedo comprar humitas en algún mercado. Las
pruebo y reconozco el sabor, pero no es el mismo.
Porque lo que recuerdo no era solamente una comida.
Era todo lo que ocurría alrededor de ella.
Mi abuelita. Mis hermanos. Mis primos. El fuego. El trabajo
compartido. La espera.
Y, sobre todo, ese momento en que finalmente podíamos
comerlas.
Por eso, cuando leí sobre las humitas en Tucumán, no pensé
solamente en la gastronomía del lugar.
Pensé en ella.
Tucumán se hizo más grande
Tal vez eso sea lo que este recorrido ha provocado en mí.
Antes, Tucumán ocupaba un espacio muy concreto en mi
memoria. Estaba asociado a aquella historia que llegó desde la televisión
durante mi niñez.
Ahora ese espacio se ha ido ampliando.
Apareció la Casa Histórica y con ella Huaura.
Apareció la lluvia y regresaron los viajes familiares.
Apareció Mercedes Sosa y regresó aquella canción que escuché
por primera vez en un restaurante criollo.
Aparecieron las humitas y regresó mi abuelita.
Y mientras vuelvo sobre todo lo que dejó aquel recorrido, yo
también siento que estoy descubriendo algo.
No solamente un destino.
Estoy descubriendo la cantidad de caminos que pueden existir entre un lugar que todavía no conocemos y los recuerdos que ya llevamos dentro.
El viaje ocurrió en Tucumán.
El mío, desde lejos, ocurre también dentro de la memoria.
Quizá por eso este Fampress Histórico por Argentina terminó
acercándome a Tucumán de una manera que no esperaba.
Todavía no he caminado por sus calles.
Todavía no he estado frente a la Casa Histórica, ni he
conocido personalmente el Museo Mercedes Sosa – Casa Natal, ni he probado una
humita en El Cardón.
Pero ahora Tucumán ya no es solamente aquel lugar que alguna
vez imaginé desde un televisor.
También es Huaura, una canción, una tarde de lluvia, una fotografía, una historia y el aroma de unas humitas que me llevan de regreso a mi abuelita.
Y quizá esa sea una de las formas más inesperadas de viajar:
llegar a un lugar antes de haber estado allí.
Y a ti, ¿Qué recuerdo te ha llevado de regreso a un
lugar?
A veces basta una canción, un sabor, una fotografía, una
lluvia o una historia para que un destino despierte algo que creíamos guardado
en otro momento de nuestra vida.
¿Hay algún lugar que todavía no hayas visitado, pero que de
alguna manera ya forme parte de tus recuerdos?
Pedro Campusmana.



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